LA ENSEÑANZA A LOS HIJOS

Cuando somos niños aceptamos casi sin discernimiento previo lo que nos enseñan. Las vivencias familiares, la educación, la amistad al confrontarse con nuestra estructura mental y emocional moldean nuestra forma de comprender e interactuar y de analizar toda la información.

Esas “verdades indiscutibles” fueron gradualmente fortaleciendo “una voz interior”, “una autoridad”, que focaliza nuestra atención en mantener vivos, valores y recuerdos que pasan a ocupar la categoría de “sagrados”.

Esa “voz interior”, que intensifica su presencia a través de nuestra vida, es lo que nos sostiene, nos pone límites, etc., es la voz de quien precisamos aprobación.


Esas verdades viven en nuestro interior como absolutas, son el medio que utilizamos para analizar toda información que recibimos por medio de nuestros sentidos, como estas verdades llegan a tener en nuestro interior una categoría de sagradas, toda aquella información que creamos contraria con nuestras verdades absolutas, es rechazada de inmediato.

La verdad, existe independientemente de nuestra percepción de ella, la percepción del hombre está sujeta a la herramienta con que él analiza la verdad, esta herramienta está constituida por esas verdades que fueron adquiridas como absolutas.

Debido a esa herramienta con la que el hombre analiza la verdad, que nunca será pura, ya que el hombre no podrá nunca alcanzar la verdad pura, su percepción de la verdad será subjetiva, siempre será su percepción de la verdad, no la verdad misma.

En la medida en que el hombre purifique sus “verdades absolutas”, en esa medida su percepción de la verdad variará, y en alguna medida estará venciendo los límites de la subjetividad y acercándose a la verdad absoluta.

Esta purificación es posible por medio de los nuevos conocimientos que el hombre adquiere en el transcurso su vida, los cuales son vitales para que el hombre haga conciencia.

Conciencia, en su acepción más profunda, implica poder analizar valores y conceptos que, sin saber porqué, consideramos absolutos.

Hacer conciencia es tener el valor de re-evaluar esas verdades que viven en nuestro interior como absolutas, y entonces poder analizar con una nueva herramienta, una herramienta que ha sido optimizada por la nueva información y conocimiento adquirido, la verdad, entonces nuestra percepción de ella mejorará.

Por eso el Rav Shaúl, el discípulo del Señor dijo:

1 Corintios 8:2 Si alguien se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debiera saber.

Algo muy parecido sucede a los niños en su primer año de vida, ellos escuchan todo tipo de sonido o lenguaje sin discriminación en sus primeros 9 meses, luego ellos inician un proceso natural de discriminación de sonidos, esto es en los meses 9 y 10, para luego la percepción del sentido de audición, ya es selectivo, lo que según el niño, no es para él, él no lo escucha.

Ejemplo:

Si el niño durante sus primeros 10 meses de edad es expuesto a un segundo idioma, especialmente en los meses 9 y 10, después de su primer año al escuchar hablar a una persona en ese idioma al que él fue expuesto, el niño pondrá atención a las palabras de esa persona, y será parte de su análisis mental. Mientras que el niño que no fue expuesto a ese idioma, cuando escuche a una persona hablarlo, no pondrá atención.

LA HERRAMIENTA PERFECTA

Los elementos perfectos para estructurar esa voz interior de la que cada persona necesita aprobación para actuar y analizar la información, esas verdades que tienen carácter de sagradas dentro de cada persona, son las verdades y principios de la Torá. Entonces la herramienta con la que analicemos la verdad será la herramienta perfecta, y tendremos la percepción de la verdad que YHWH quiere que tengamos.

La época ideal para alimentar y estructurar esa voz interna, es durante la niñez, la personalidad de cada persona adulta, está basada en un 80% en sus primeros 8 años de vida, la información dada a nuestros niños en sus primeros años de vida, son de vital importancia, ya que ella determinará no solo su manera de actuar y de analizar la verdad, sino también y aún más importante, si va a tener el valor o no de hacer conciencia en su vida adulta, y la manera en que lo hará.

El desarrollo en santidad y justicia de la Casa de Israel, en un gran porcentaje está en manos de quienes son escogidos para enseñar Torá a nuestros niños en la sinagoga, cada niño es como una porción de barro de la que tenemos que hacer una vasija digna para que la Ruaj Kodesh pueda morar en ella, una vasija que convoque y atraiga con sus actos el reino de Mahiaj nuestro Melej a este mundo, un barro que si nos equivocamos, será muy difícil rectificar.

 

R. Yehuda ben Israel

18 PASOS DE UNA RELACIÓN CON EL ETERNO

1. El no da, sino solo lo que verdaderamente deseamos.
2. Cuando mi deseo está basado en mi necesidad, éste desaparece junto con ella.
3. En este caso, mi placer está en mí, mientras es abastecida mi necesidad.
4. Hay varios tipos de personas: 


  • Los que reciben sin sentir que alguien les está dando.
  • Los que ya tienen conciencia de ser receptores y esa conciencia les incomoda, les da vergüenza.
  • Los que esa incomodidad o vergüenza los hace dar, solamente para eliminar su malestar.
  • Los que su conciencia de recibir genera gratitud. Gratitud que llega a relacionarse con el dador con una actitud de santidad.

Kadosh y Tumá son dos maneras de relacionarse con el Eterno: Con conciencia o
sin ella.

5. Lo que verdaderamente agrada al Eterno es la satisfacción con que recibimos su dádiva.

6. La clave es hacer de nuestra recepción una dádiva, un acto de otorgamiento. Entonces al recibir, damos.

7. Cuando la base o fuente de nuestro deseo de recibir-dar, está en nuestras necesidades egoístas, nuestra capacidad de recibir-dar, es igualmente finita.

8. La solución es buscar una fuente de deseo infinito, y otros medios de satisfacción, la fuente correcta es la alegría del Eterno, cuando recibimos placenteramente de El, entonces la fuente de nuestro placer sería El y no lo que nos dé, entonces tendremos una fuente de deseo infinito como El y entonces nuestro recibir-dar será infinito.

9. Entre más grande es El para mí, más grande será mi deseo de dar.

10. El Conocimiento es proporcional a Su revelación.

11. Cuanto mayor sea su revelación a mi, mayor será mi placer de recibir-dar. 

Porque cuanto más respeto yo tenga por El, más placer habrá en mí al recibirdar, y entonces mayor placer El recibirá de mí.

12. Entonces al recibir Su grandeza y no nuestras necesidades, y con esa grandeza se revela el deseo en nuestro corazón de causarle placer con el recibir-dar, entonces nuestro deleite está fundamentado en Su grandeza que El nos revela, y no nuestras necesidades egoístas.

13. La voluntad de otorgar es propio del hombre y no de El, voluntad que es posible crear solo después que El se revele. Esto significa que al fin de lograr la autoindulgencia permanente en la que al recibir un placer egoísta el hambre no cesará, sino que aumentará por esa recepción, debe formarse una necesidad nueva, la que llamaremos “la Voluntad de sentir a quien otorga”.

14. Además de recibir, el hombre tendrá que desarrollar el sentido de grandeza del que le está otorgando, el descubrimiento del anfitrión y de los manjares por lo tanto llegan a ser lo mismo, es decir, el placer mismo crea conciencia acerca del que otorga, éste, la comida y los atributos del que otorga son uno y los mismos.

15. El fin último es que el hombre (huésped) desarrolle por sí mismo en la relación esa “Voluntad de sentir a quien otorga”, y es esa voluntad el mérito por el cual, el podrá hacerse ejad con los manjares que recibe, con el anfitrión y su grandeza.

16. Todo lo previamente dado por el Eterno, lo que inicialmente solo satisfacía el deseo egoísta, fue solamente para atraer al hombre a este nivel. Nivel en el que el hombre tenía que llegar voluntariamente, al darse cuenta de la vanidad de su existencia en los niveles primarios.

17. Finalmente este nivel de revelación será la única que satisfaga el hombre.

18. Finalmente el huésped llegará a ser anfitrión también.

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Recursos: Enseñar a Hijos

La niñez es la época ideal para estructurar esa voz interior basada en la Torá.

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LA ENSEÑANZA A LOS HIJOS

Cuando somos niños aceptamos casi sin discernimiento previo lo que nos enseñan. Las vivencias familiares, la educación, la amistad al confrontarse con nuestra estructura mental y emocional moldean nuestra forma de comprender e interactuar y de analizar toda la información.

Esas “verdades indiscutibles” fueron gradualmente fortaleciendo “una voz interior”, “una autoridad”, que focaliza nuestra atención en mantener vivos, valores y recuerdos que pasan a ocupar la categoría de “sagrados”.

Esa “voz interior”, que intensifica su presencia a través de nuestra vida, es lo que nos sostiene, nos pone límites, etc., es la voz de quien precisamos aprobación.

Esas verdades viven en nuestro interior como absolutas, son el medio que utilizamos para analizar toda información que recibimos por medio de nuestros sentidos, como estas verdades llegan a tener en nuestro interior una categoría de sagradas, toda aquella información que creamos contraria con nuestras verdades absolutas, es rechazada de inmediato.
La verdad, existe independientemente de nuestra percepción de ella, la percepción del hombre está sujeta a la herramienta con que él analiza la verdad, esta herramienta está constituida por esas verdades que fueron adquiridas como absolutas.


Debido a esa herramienta con la que el hombre analiza la verdad, que nunca será pura, ya que el hombre no podrá nunca alcanzar la verdad pura, su percepción de la verdad será subjetiva, siempre será su percepción de la verdad, no la verdad misma.

En la medida en que el hombre purifique sus “verdades absolutas”, en esa medida su percepción de la verdad variará, y en alguna medida estará venciendo los límites de la subjetividad y acercándose a la verdad absoluta.

Esta purificación es posible por medio de los nuevos conocimientos que el hombre adquiere en el transcurso su vida, los cuales son vitales para que el hombre haga conciencia.

Conciencia, en su acepción más profunda, implica poder analizar valores y conceptos que, sin saber porqué, consideramos absolutos.

Hacer conciencia es tener el valor de re-evaluar esas verdades que viven en nuestro interior como absolutas, y entonces poder analizar con una nueva herramienta, una herramienta que ha sido optimizada por la nueva información y conocimiento adquirido, la verdad, entonces nuestra percepción de ella mejorará.

Por eso el Rav Shaúl, el discípulo del Señor dijo:

1 Corintios 8:2 Si alguien se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debiera saber.

Algo muy parecido sucede a los niños en su primer año de vida, ellos escuchan todo tipo de sonido o lenguaje sin discriminación en sus primeros 9 meses, luego ellos inician un proceso natural de discriminación de sonidos, esto es en los meses 9 y 10, para luego la percepción del sentido de audición, ya es selectivo, lo que según el niño, no es para él, él no lo escucha.

Ejemplo:

Si el niño durante sus primeros 10 meses de edad es expuesto a un segundo idioma, especialmente en los meses 9 y 10, después de su primer año al escuchar hablar a una persona en ese idioma al que él fue expuesto, el niño pondrá atención a las palabras de esa persona, y será parte de su análisis mental. Mientras que el niño que no fue expuesto a ese idioma, cuando escuche a una persona hablarlo, no pondrá atención.

LA HERRAMIENTA PERFECTA

Los elementos perfectos para estructurar esa voz interior de la que cada persona necesita aprobación para actuar y analizar la información, esas verdades que tienen carácter de sagradas dentro de cada persona, son las verdades y principios de la Torá. Entonces la herramienta con la que analicemos la verdad será la herramienta perfecta, y tendremos la percepción de la verdad que YHWH quiere que tengamos.

La época ideal para alimentar y estructurar esa voz interna, es durante la niñez, la personalidad de cada persona adulta, está basada en un 80% en sus primeros 8 años de vida, la información dada a nuestros niños en sus primeros años de vida, son de vital importancia, ya que ella determinará no solo su manera de actuar y de analizar la verdad, sino también y aún más importante, si va a tener el valor o no de hacer conciencia en su vida adulta, y la manera en que lo hará.

El desarrollo en santidad y justicia de la Casa de Israel, en un gran porcentaje está en manos de quienes son escogidos para enseñar Torá a nuestros niños en la sinagoga, cada niño es como una porción de barro de la que tenemos que hacer una vasija digna para que la Ruaj Kodesh pueda morar en ella, una vasija que convoque y atraiga con sus actos el reino de Mahiaj nuestro Melej a este mundo, un barro que si nos equivocamos, será muy difícil rectificar.

R. Yehuda ben Israel



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Recursos: Educando a nuestros Hijos

Cada niño es como una porción de barro de la que tenemos que hacer una vasija digna para que la Ruaj Kodesh pueda morar en ella.

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