La Ciudad De Los Perros

Erase una vez, una ciudad de perros que se encontraba habitada por gatos. Durante muchos miles de años los gatos vivieron en ella, pasando generaciones y generaciones, hasta el punto que todos pensaron que era la ciudad de los gatos. Entre los gatos nadie se acordaba de que los perros un día existieron; era una especie extinguida que ya no estaba ni en los libros de historia.


Un día algunos gatos comenzaron a leer el «Libro Santo», un libro que hablaba del Dios de los perros, en donde decía que un día ese Dios vendría a esa ciudad a restaurarla como ciudad de perros, y cualquier otra especie que no fuera perro, sería exterminada. Esto estremeció a todo el género felino. Algunos prefirieron seguir viviendo su vida como antes, sin importarles lo que decía el libro; unos por no creer y otros por pensar que no había escapatoria.

Sin embargo, algunos gatos no se quedaron de brazos cruzados. Tuvieron mucho temor y meditaron hasta que llegaron a una posible solución: entendieron que lo importante era creer en ese Dios del que hablaba el Libro Santo. Pensaron que creer de todo corazón sería la salvación; y como lo que le agradaba a ese Dios eran las obras de los perros, se propusieron imitarlos.

Comenzaron a practicar el ladrido, a comer comida para perros y a orinar levantando la pata. Al poco tiempo, ya no se sentían gatos, sino perros. Hablaban como perros, comían como perros y hasta se vestían con pieles de perros. Estaban convencidos de que, cuando el Dios de los perros viniera, los vería como tales y los salvaría.

Llegó el día esperado. Un mensajero del Cielo bajó a la ciudad. Al ver a tantos gatos intentando ser perros, sintió una profunda tristeza. Se acercó a ellos y les dijo: «No importa cuánto ladren, cuánto coman como perros o cuánto intenten imitar su caminar; ante los ojos del Creador, siguen siendo gatos. La salvación no es cuestión de imitación o de creencia externa, es cuestión de naturaleza».

El mensajero explicó que la verdadera espiritualidad no consiste en hacer cosas de perros siendo gatos, sino en una transformación interna que cambie la esencia misma del ser. No se trata de «actuar como», sino de «ser». Muchos se indignaron y siguieron ladrando, pero unos pocos entendieron que debían buscar una transformación real que solo el dador de la vida podía otorgar.

R. Yehuda ben Israel

La Ciudad De Los Perros

Erase una vez, una ciudad de perros que se encontraba habitada por gatos. Durante muchos miles de años los gatos vivieron en ella, pasando generaciones y generaciones, hasta el punto que todos pensaron que era la ciudad de los gatos. Entre los gatos nadie se acordaba de que los perros un día existieron; era una especie extinguida que ya no estaba ni en los libros de historia.


Un día algunos gatos comenzaron a leer el «Libro Santo», un libro que hablaba del Dios de los perros, en donde decía que un día ese Dios vendría a esa ciudad a restaurarla como ciudad de perros, y cualquier otra especie que no fuera perro, sería exterminada. Esto estremeció a todo el género felino. Algunos prefirieron seguir viviendo su vida como antes, sin importarles lo que decía el libro; unos por no creer y otros por pensar que no había escapatoria.

Sin embargo, algunos gatos no se quedaron de brazos cruzados. Tuvieron mucho temor y meditaron hasta que llegaron a una posible solución: entendieron que lo importante era creer en ese Dios del que hablaba el Libro Santo. Pensaron que creer de todo corazón sería la salvación; y como lo que le agradaba a ese Dios eran las obras de los perros, se propusieron imitarlos.

Comenzaron a practicar el ladrido, a comer comida para perros y a orinar levantando la pata. Al poco tiempo, ya no se sentían gatos, sino perros. Hablaban como perros, comían como perros y hasta se vestían con pieles de perros. Estaban convencidos de que, cuando el Dios de los perros viniera, los vería como tales y los salvaría.

Llegó el día esperado. Un mensajero del Cielo bajó a la ciudad. Al ver a tantos gatos intentando ser perros, sintió una profunda tristeza. Se acercó a ellos y les dijo: «No importa cuánto ladren, cuánto coman como perros o cuánto intenten imitar su caminar; ante los ojos del Creador, siguen siendo gatos. La salvación no es cuestión de imitación o de creencia externa, es cuestión de naturaleza».

El mensajero explicó que la verdadera espiritualidad no consiste en hacer cosas de perros siendo gatos, sino en una transformación interna que cambie la esencia misma del ser. No se trata de «actuar como», sino de «ser». Muchos se indignaron y siguieron ladrando, pero unos pocos entendieron que debían buscar una transformación real que solo el dador de la vida podía otorgar.

R. Yehuda ben Israel

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Recursos: Identidad

Una parábola sobre la diferencia entre actuar por religión y ser por naturaleza.

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La Ciudad De Los Perros

Erase una vez, una ciudad de perros que se encontraba habitada por gatos. Durante muchos miles de años los gatos vivieron en ella, pasando generaciones y generaciones, hasta el punto que todos pensaron que era la ciudad de los gatos. Entre los gatos nadie se acordaba de que los perros un día existieron; era una especie extinguida que ya no estaba ni en los libros de historia.


Un día algunos gatos comenzaron a leer el «Libro Santo», un libro que hablaba del Dios de los perros, en donde decía que un día ese Dios vendría a esa ciudad a restaurarla como ciudad de perros, y cualquier otra especie que no fuera perro, sería exterminada. Esto estremeció a todo el género felino. Algunos prefirieron seguir viviendo su vida como antes, sin importarles lo que decía el libro; unos por no creer y otros por pensar que no había escapatoria.

Sin embargo, algunos gatos no se quedaron de brazos cruzados. Tuvieron mucho temor y meditaron hasta que llegaron a una posible solución: entendieron que lo importante era creer en ese Dios del que hablaba el Libro Santo. Pensaron que creer de todo corazón sería la salvación; y como lo que le agradaba a ese Dios eran las obras de los perros, se propusieron imitarlos.



Comenzaron a practicar el ladrido, a comer comida para perros y a orinar levantando la pata. Al poco tiempo, ya no se sentían gatos, sino perros. Hablaban como perros, comían como perros y hasta se vestían con pieles de perros. Estaban convencidos de que, cuando el Dios de los perros viniera, los vería como tales y los salvaría.

Llegó el día esperado. Un mensajero del Cielo bajó a la ciudad. Al ver a tantos gatos intentando ser perros, sintió una profunda tristeza. Se acercó a ellos y les dijo: «No importa cuánto ladren, cuánto coman como perros o cuánto intenten imitar su caminar; ante los ojos del Creador, siguen siendo gatos. La salvación no es cuestión de imitación o de creencia externa, es cuestión de naturaleza».

El mensajero explicó que la verdadera espiritualidad no consiste en hacer cosas de perros siendo gatos, sino en una transformación interna que cambie la esencia misma del ser. No se trata de «actuar como», sino de «ser». Muchos se indignaron y siguieron ladrando, pero unos pocos entendieron que debían buscar una transformación real que solo el dador de la vida podía otorgar.

R. Yehuda ben Israel

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Recursos: La Ciudad de los Perros

«La verdadera espiritualidad es cuestión de naturaleza; es cuestión de ser o no ser, no de creencias o actos externos.»

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